Nuestra Historia

Este viñedo, plantado por nuestro bisabuelo en 1940, es el último que queda en la localidad. La presión urbanística borró casi todo el patrimonio vinícola de la zona, pero esta pequeña joya merecía ser cuidada, entendida y mantenida viva.

Con el tiempo, otros viñedos olvidados de pueblos cercanos —Batres, Carranque, El Álamo— se fueron uniendo a nuestra historia. Todos comparten el mismo espíritu: la resistencia silenciosa de unas cepas que se niegan a desaparecer.

Trabajamos con respeto absoluto al medio y a los ritmos de la naturaleza. Observamos, experimentamos y cuidamos cada planta con preparados naturales elaborados a partir de plantas del entorno: ortiga, cola de caballo, caléndula, manzanilla…

En bodega, seguimos la misma filosofía. Cada vino se elabora de forma individual, con las levaduras autóctonas de su propio paraje, sin aditivos ni artificios.

Solo uva. Solo verdad.